SOMOS ESENCIALES/ FUNTSEZKOAK GARA

Por Ana Serna, educadora de actividades del Centro Uba gestionado por Emaús Fundación Social

Cincuenta y siete días de encierro dan para mucho y, tras vivenciarlos y ya entrados en julio, nos quedaba una tarea ineludible por llevar a cabo: hacer balance de lo vivido desde la perspectiva de las personas residentes en Uba, con un claro objetivo: sacar un aprendizaje de la situación aplicable a situaciones vitales futuras  y al autoconocimiento de sus fortalezas para llevar este encierro de la mejor manera.

¿Te reconocerías tan solo mirando a los ojos?

No podemos comenzar sin antes echar la vista atrás y recuperar las sensaciones experimentadas en el momento que lo inevitable se hacía realidad, la reclusión forzosa en pro de la lucha contra el monotemático covid-19. Lo que se temía en semanas previas como un preludio de posibles cambios, se torna en la más dura imposición, la privación de libertad. Este hecho supone una reorganización completa del centro aplicando protocolos generales a las singularidades y funcionamiento propio del mismo, hecho que requiere un esfuerzo importante tanto por parte del equipo como de las usuarias del recurso. A su vez, y siendo prioridad, centramos la atención en la concienciación de las personas residentes ante lo que venía y al confinamiento y al apoyo en sus miedos y de la forma en que vivirían el bombardeo diario de noticias cuanto menos inquietantes.

A través de los días, el miedo inicial vivido y la necesidad constante de aclaración de información cuando era difícil reconocer la fiable, se convierten en parte del día a día. Comenzamos a ver los cambios generados por esta nueva rutina: el centro comienza a tener espacios comunes más compartidos que nunca: partidas de dominó, torneos improvisados de dardos, partidas de ping-pong, pero, sin duda alguna, termina suponiendo una oportunidad y disposición a relacionarse entre todas, la cual genera nuevas relaciones y conversaciones desde las que conocerles aún más, derivadas de la presencia de la reclusión en si. Destacar en estos encuentros y actividades compartidas el uso de mascarillas, las cuales se integran como una costumbre rutinaria más, junto con el lavado de manos.

Sin sonrisa, los ojos tienen que expresarlo todo

Nuevas conversaciones, nuevos vínculos, una oportunidad de entender y valorar el apoyo recíproco y, sobre todo, un momento en el que ayudarles a entender sus potencialidades y resiliencia individuales a la hora de afrontar esa situación sin precedentes. Decidimos desde el equipo profesional recoger sus reflexiones con el fin de ser compartidas entre todas, suponiendo un aprendizaje mutuo. A su vez, creamos un mural con sus fotos personales con las mascarillas como transición del encierro a la «nueva normalidad» o «cotidianidad pandémica» desde la que recoger sus impresiones y hacerles protagonistas de sus logros. El uso generalizado de la mascarilla, a su vez, supone una reflexión sobre la importancia del lenguaje no verbal y la expresión de nuestras emociones en cierta manera limitado, haciendo hincapié en el  reflejo de emociones en la mirada y ayudándoles a entenderlo también a través de sus propias expresiones.

Como equipo, surge otra reflexión ante la sorprendente capacidad de adaptación demostrada por las personas usuarias a todos los pormenores normativos y a la privación de libertad con relativa facilidad. Nos lleva a plantearnos nuevamente la importancia de las relaciones humanas y la creación de nuevos vínculos y amistades como objetivo de integración primordial, ya que, en muchos casos, se pone de manifiesto la falta completa de conexión con alguien externo al centro (ese «echar de menos») , la cual no ha supuesto un cambio pese al encierro en muchos casos. Por otra parte, nos gustaría destacar la problemática concreta del juego, ya que observamos cómo las personas participantes con esta dificultad reflexionan sobre la tranquilidad vivida durante el encierro al experimentar una reducción de la ansiedad por no tener tantas opciones de juego y es que, la ausencia de libertad vigente minimizaba el deseo de jugar al no haber opción, así como una oportunidad para el ahorro. Para muchas de estas personas usuarias ha sido una oportunidad de ahorro y una reflexión sobre dicha  dificultad no verbalizado de igual manera hasta el momento actual.

Sin lugar a dudas, y tras todo lo comentado anteriormente, esta situación ha supuesto un reto complicado pero también una oportunidad para reforzarles y fomentar un mayor vínculo desde e que poder seguir avanzando en sus procesos con una mayor confianza en sí mismas. Una vez más nos dan una lección de resiliencia y adaptación a una situación más que difícil. Han reflexionado sobre el hecho de que cada persona es para sí misma lo esencial en su vida y es que, saber que si una persona cree, crea…es un aprendizaje que sacar de esta transición a la tan reiterada «nueva normalidad».

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