¿Y TÚ QUÉ PINTAS? Emaús e Iker García Barrenetxea pintan un mural colectivo en Loiola

(Por Ana Serna y Sara Sánchez, Educadoras en el centro residencial para la inclusión social de Uba)

Esta bonita odisea comienza en un diciembre ya iniciado, con una propuesta fruto de un proyecto comunitario que, tras poner todo apunto, consigue materializarse.

¿Crear un mural junto a un artista? ¿Nosotrxs como pintores? No sabemos pintar… ¿O sí? A priori, la idea se entiende inalcanzable, pese a ello, esa sensación no resta interés por conocer más y más al respecto. Poco a poco, se va dando forma a la idea, nos conocemos entre las partes implicadas, interactuamos, reflexionamos sobre el simbolismo, compartimos expectativas, dudas, inquietudes acerca de cómo dar forma a lo imaginado y unificarlo en una vía común…el grupo va creciendo a medida que va tomando forma la ida y empieza a entenderse como posible.

Llega el día de ponerse a ello, frío, lluvia, viento, una pena el tiempo, el cual no resta motivación y acaba siendo un motivo de risas conjuntas ataviadxs con chubasqueros. El clima que se crea entorno a esa pared en blanco, indescriptible… Compartimos experiencias, vivencias, momentos de complicidad, ayuda mutua por lo que el propio trabajo implica, organización del trabajo, respeto de las decisiones individuales, etc. Todo el mundo se siente tenido en cuenta, se siente parte del todo y disfruta de ese papel responsable el cual implica que, el todo no es la suma de las partes, ya que cada cual es demasiado especial para introducirlos en esa banal generalidad.

Poco a poco, surgen las primeras impresiones espontáneas, esas que son difícilmente plasmables en un papel o en un artículo post-realización y en las cuales radica toda la riqueza de esta aventura: “Formo parte de algo importante”, “Esta es una de las mejores experiencias de mi vida”, o “Es ver lo que hemos hecho y sentirte vivo”, son algunas de las sensaciones verbalizadas por lxs participantes, lxs cuales no acostumbran con facilidad a emocionarse y sentirse tan importantes como realmente merecen.

Esta experiencia ha sido para muchxs un espejo en el que reflejarse y ver la mejor versión de sí mismxs, una excusa para compartir orgullosxs su obra junto con gente querida con la cual los lazos no siempre son tan fuertes. Y, por tanto, una gran oportunidad de estrecharlos y generar nuevas conversaciones y momentos juntxs.

Como profesionales, para nosotrxs, ha sido un placer poder ver de forma progresiva cómo surgen todas estas emociones y nuevos horizontes en sus vidas, que dan más sentido a un trabajo difícil de visibilizar, puesto que los mejores momentos no se cuentan, se viven.

Un placer vivir cada segundo del proceso con ellxs y llenar de anécdotas y aprendizaje la mochila de forma conjunta. De esta iniciativa surgen más cuestiones que un mero dibujo, surge el poder de pensar que soy capaz, el abrazar la reflexión, el redescubrir mis capacidades y conocer hasta ahora algunas desconocidas, la ilusión, el sentimiento de pertenencia a “algo grande”, la posibilidad de conocer nuevas personas y aprender de ellas, así como la creación para la posteridad de recuerdos positivos imborrables.

¿Cuándo repetimos?

 

mural loiola

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